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Sofía Bourgoing Viuda de Meixner (1920 - 2010)
By Mónica | February 23, 2010
Nació el 3 de marzo de 1920 en Puerto Sastre, Chaco Paraguayo. Eterna coqueta, contaba siempre que en su juventud andaba con ruleros y tacos altos, aun “de entrecasa”. Se casó con Carlos Agustín Meixner Spitzer (fallecido en 1975 a los 58 años) y tuvieron seis hijos: Nelly Cristina (”Neneca”), Fernando Agustín, Adela Beatriz (”Lela”), Julio Cesar (”Pupi”), Juan Carlos y Carlos Alberto (los mellizos “Juanca y Cali”, respectivamente. De su cocina, nuestros preferidos eran los “gnocchi”, ñoquis de papa, mandioca o batata, en realidad no importaba porque lo que más nos deleitaba era el estofado de carne, colorado, suculento, pecaminoso…..que le robábamos antes de que esté listo (esto le volvía locaaaaa!!!!), para degustarlo con pan o mandioca, y la coca helada (en botella de vidrio) que nos esperaba en su heladera. Claro que la casa quedaba con un polvillo blanco por todas partes, masa cruda en el auricular del teléfono y por todos los lugares por los que pasaba mientras hacía su pasta. Otro aspecto interesante de su vida es el literario; además de la ortografía y caligrafía impecables, con su talentosa picardía escribió muchos poemas, incluyendo acrósticos de las nietas y otros muy simpáticos dedicados a sus amigas, la cerveza y el vino (ups!). También disfrutaba mucho del baile, especialmente la polca paraguaya; por este motivo es que las bisnietas (Sara, Alejandra, Verónica y Romina) asistieron al funeral ataviadas con sus ropas típicas, el typói y el pollerón. Curiosamente, estas prendas las usaron en los festejos que se realizaron cuando cumplió 89 años el año pasado, en una merienda gigante y sencilla a la vez, que compartimos con las huéspedes del Hogar de Ancianas sobre la calle Venezuela. En esa oportunidad, mi abuela estaba en condiciones óptimas de salud, vivía cómodamente en la casa de Tía Lela, pero quiso compartir con otras mujeres que no tenían su misma suerte. Comimos y bailamos hasta el cansancio, con el bochornoso calor de ese verano, y según nos dijo ella, fue el mejor cumpleaños de su vida, y en realidad el último que compartió con nosotros.
¡Hasta siempre Abuela Sofía!
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