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Llegada y Cirque du soleil (Buenos Aires I)
By Mónica | July 2, 2008
Queríamos tomarnos unas minivacaciones, una escapadita para respirar otros vientos… la excusa perfecta para ir a Buenos Aires se presentó con la venida del espectáculo Alegría del Cirque du soleil. El mismo día que llegamos, fuimos a caminar un poco y esperar la hora que saldríamos para la Costanera Sur, donde se había erigido la carpa blanca del circo. Habíamos adquirido las entradas con mucha anticipación, y lo que considerábamos una exageración, en la práctica era una realidad, resultando cierta la versión de que todas las entradas para todas las funciones, se habían agotado varias semanas atrás. El Tapis rouge es una zona especial del Cirque, donde se puede ver el espectáculo bien de frente, y hasta donde van los artistas a interactuar con el público. Toda una experiencia para el afortunado, que a veces es invitado a participar de algunos actos con los clowns. El show dura casi dos horas, que a excepción de los animales y magos incluye las distintas artes milenarias del circo, con una estética estilizada al máximo, un fuerte soporte escenográfico y una concepción de puesta en escena global con luces direccionadas, un vestuario y maquillaje exquisitos y el trabajo de distintos narradores, en especial Fleur, una suerte de presentador jorobado suelto en ese mundo de fantasía. Creado en 1994 en conmemoración de los 10 años de existencia de la compañía que redefinió los parámetros del circo moderno, el show Alegría fue visto por más de 10 millones de personas en mas 15 países y no parece haber perdido nada de la energía original. Músicos, cantantes y diversos personajes recorren una y otra vez el escenario creando una clima extraño y mágico mientras los artistas de lo inverosímil crean sus números. Dos payasos ponen el toque de humor y ternura, jugando con distintos tópicos y recreando un cuadro creado por el gran clown ruso Slava Polunin sobre una despedida amorosa en una nevada estación de trenes. Alegría, que toma al propio arte circense como objeto de reflexión y juego, se abre con un número de trapecio sincronizado de una sola persona; luego el escenario es ocupado por una troupe de acróbatas que en unas camas elásticas a nivel del piso (se descubre parte del piso rígido) realizan complicadas piruetas y saltos aéreos, entrecruzandose a un ritmo vertiginoso. En un tercer momento, un contorsionista solitario hace equilibrio con las manos sobre una o dos pequeñas plataformas adoptando distintas poses. Posteriormente, dos jóvenes juegan peligrosamente con fuego, creando figuras geometricas con líneas flameantes en el piso, y tocando las llamas con la boca y las extremidades. El único número que no brilla en el espectáculo y hasta parece de relleno, es el del malabarista con pelotas. Llegado este punto se abre un intervalo de treinta minutos, para disfrutar luego de la parte final del show, donde los números suben la temperatura y donde se aprecia lo más mágico y sorprendente del espectáculo. Esta parte se abre con un hombre volador que trabaja con una cinta elástica, dando vueltas en el aire, subiendo, bajando,y haciendo recorridos cirulares por casi encima del público. En este número se nota mas que los otros, la excelente coordinación entre el artista y el encargado de tirar y aflojar de las cuerdas. Las Barras Rusas, que se presentan a continuación, es uno de los grandes momentos del show, cuando sobre delgadas barras elásticas, apoyadas en los hombros o brazos de los ayudantes, tres malabaristas y gimnastas despliegan saltos dobles y triples hacia adelante y hacia atrás, además de tirabuzones, cayendo siempre parados sobre las delgadas bases de las que parten.
Al final, la cantante entona la canción insignia del show, y se despiden los artistas, despojándose de las pelucas y algunos atuendos, para darnos cuenta de que son mortales …
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